lunes, 21 de enero de 2008

Nos estamos obsesionando con el tabaco mientras fomentamos la obesidad

Nadador de elite y ex directivo del Barça, tras la muerte de su hijo con síndrome de Down creó un proyecto de gestión hospitalaria con la cadena norteamericana USP. En nueve años su empresa ha absorbido 13 hospitales, factura 300 millones y atiende a un millón y medio de pacientes


FOROFO. Masfurroll (arriba a la dcha.,) en el palco del Camp Nou en 2003. Debajo, Joan Gaspart y Jordi Pujol.
FOROFO. Masfurroll (arriba a la dcha.,) en el palco del Camp Nou en 2003. Debajo, Joan Gaspart y Jordi Pujol.

[foto de la noticia]

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ENTREVISTA | GABRIEL MASFURROLL

Por ELENA PITA. Fotografía de CHEMA CONESA

Entra en su sala de visitas como una exhalación; dispuesto, parece, a lidiar con un ejército. Y una allí sentada, paciente, inofensiva. Breve saludito y luz y taquígrafos: una asistente de comunicación registrará por escrito todo cuanto aquí se diga a partir de este segundo. Gabriel Masfurroll (Barcelona, 54 años según he podido saber; ex vicepresidente del Barça, presidente de la cadena de hospitales USP España) se ha inventado algo así como la tercera vía de la sanidad en un país, éste, donde lo privado siempre se ha diferenciado, y mucho, de lo público. Una diferencia, ya verán, profundamente errónea según su código empresarial. A saber: público es lo que está al servicio de la ciudadanía (independientemente del uso que se le dé y la financiación de que disfrute); gratuito no hay nada en este mundo; triunfo o triunfador es para Masfurroll un término horripilante y efímero; afecto es lo que mueve el mundo en sentido positivo; el círculo virtuoso de la salud (ejercicio, comida sana y disfrute) sería la fórmula de la vida eterna, y el fútbol, un juego irracional de ?? individuos contra otros tantos donde el resultado es pura arbitrariedad.

Armado de su personal punto de vista y una vistosa troupe de «amigos» colaboradores (de Ronaldinho a Iñaki Urdangarín) escribió Masfurroll un manual del éxito (en la empresa y en el deporte) que ha agotado dos buenas ediciones, Aprender de los mejores. Y como esto de escribir le relaja, prepara ya un segundo libro, recopilación de cartas y artículos.

P.Señor Masfurroll, ¿la sanidad debiera ser un servicio público, gratuito y universal, o un bien privado y elitista?

R.Gratuito no hay nada, y quien lo diga, miente. Los hospitales públicos de este país se financian con los impuestos de los españoles.

P. Perdone el lapsus pero, ¿es una necesidad básica o un bien de consumo?

R. El modelo ideal sería que el Estado repartiera los impuestos que pagamos a través de aseguradoras públicas y privadas, que a su vez subcontrataran a los hospitales.Y que el ciudadano pudiera elegir tanto su seguro como sus centros sanitarios, públicos o privados, en función de su competencia y eficiencia. El sistema que tenemos es imperfecto: nuestros impuestos financian el mal llamado sector público y, como éste no da abasto, se ha creado un sector privado complementario que actual- mente utilizan ?0 millones de españoles.

P. España tiene uno de los mejores sistemas sanitarios públicos del mundo y un cuarto de la población recurre al seguro médico privado, ¿cómo se explica?

R. No me gusta diferenciar entre público y privado: público es todo aquello que está al servicio de la ciudadanía. En los últimos ?5 años, España ha pasado de 36 millones de habitantes a 45, oficialmente, y como el Estado no consigue asumir este incremento exponencial de la demanda sanitaria, se producen colapsos. Las razones de este cambio son la inmigración y el incremento de la esperanza media de vida, pero también las innovaciones tecnológicas que crean una demanda nueva, la gran cantidad de jubilados europeos que ahora sí utilizan nuestros servicios sanitarios e incluso los ciudadanos extranjeros que empiezan a venir a España a ser tratados médicamente. La sanidad es un servicio más.

P. Principios de los 90: tenía usted un proyecto de gestión hospitalaria en mente y se lanzó a recorrer Estados Unidos buscando inversores, ¿se sentía un visionario o un emprendedor?

R. Sería arrogante sentirme un visionario. Tengo un origen familiar empresarial y soy emprendedor, y siempre he contemplado EEUU como una tierra de oportunidades. Pero me equivoqué de momento: estaban en plena crisis.

P. Años más tarde, ¿cómo logró convencer a USP de que se abrieran camino en Europa a partir de España?

R. En el año 97, este país empezaba a ir bien, y nuestro plan de negocio estaba muy bien elaborado después de cinco años de maduración. De hecho, tuvimos cuatro alternativas y nos permitimos elegir.

P. En ocasiones la gestión hospitalaria pierde la perspectiva humanitaria para poder ser eficaz y rentable. ¿Ha encontrado la fórmula para combinar humanismo y eficiencia?

R. Cuando una persona entra en un hospital, además de físicamente enfermo, está psíquicamente disminuido: está asustado y angustiado. Entonces necesita sentirse acogido, protegido y mimado, y esto no es nada fácil, porque choca contra la rutina de quien trabaja en un hospital, que no siempre tiene vocación. Nosotros nos empeñamos en que el personal entienda que quien ingresa necesita cariño; La recuperación es más efectiva si se trata al paciente con afecto.

P. Lo cierto es que sólo apreciamos la salud cuando no nos asiste, ¿cuáles serían para usted los más importantes items para una vida sana?

R. Tengo una teoría que le llamo el círculo virtuoso de la salud, que consiste en: hacer ejercicio, que si es deporte debe de ser reglado y controlado; tomar una alimentación adecuada, y disfrutar todo lo posible trabajando, en familia y en la intimidad, tan necesaria. Con esto se consigue una vida saludable y armónica, pero a ello hay que añadirle la prevención: revisiones médicas periódicas en función de la edad. En caso de dolencia, hacer caso al médico de cabecera y, una vez rehabilitado, volver a engancharse al círculo virtuoso.

P. Dice que es imposible estar profesionalmente satisfecho si no se goza de una vida personal satisfactoria, dos vectores frecuentemente opuestos. ¿Por qué las empresas cuidan tan poco la satisfacción personal de sus trabajadores, porque incluso menoscaban su realización familiar?

R. Puede parecer una dicotomía, pero ambas satisfacciones caminan juntas: trabajo y familia. Para mí la empresa y la familia han sido siempre el mismo mundo, compartimos todo. Y en esta empresa se trabaja mucho, yo exijo a la gente tanto como a mí mismo, pero no se trata de hacer y sumar horas, sino de hacer bien el trabajo. Hay que buscar una armonía, tratar de hacer el trabajo en menos horas para conciliarlo con la familia.

P. Masfurroll, a propósito de su libro, ¿qué pueden aprender los empresarios de los deportistas?

R. Hoy empiezo a tener dudas sobre el mundo del deporte, porque está entrando en una dinámica de corrupción que precisamente es lo que la empresa debe evitar a toda costa: dopaje, apuestas, mercantilismo a destajo. Pero si lo miramos positivamente, los empresarios podrían aprender del deportista lo que yo mismo aprendí en la alta competición [en natación]: disciplina, tenacidad, espíritu de sacrificio, deseo de competir y fair play: rivalidad no es sinónimo de guerra.

P. Rodearse de figuras del deporte es un buen reclamo publicitario, ¿también lo fue ocupar la vicepresidencia del Barça?

R. En primer lugar, además de figuras, son mis amigos: a ellos les pedí que me ayudaran con el libro. Soy del Barça desde que tengo uso de razón. Asistí a mi primer partido con 4 años, cuando se inauguró el Nou Camp, y ya nunca he faltado. Por mis venas fluye sangre no roja sino azulgrana. El primer sueño que tienes de niño es poder jugar en tu equipo, y el segundo, ocupar un cargo de este tipo. Y sí, evidentemente esto te da una visibilidad brutal, que fue útil para la compañía: la gente aún me reconoce por haber sido vicepresidente.

P. ¿Llegaremos a entender que la salud mental es también física y que una buena formación ha de ser también deportiva?

R. No sólo en este país, sino en todo el mundo se debiera educar a los niños en los buenos hábitos; favoreceríamos la educación sanitaria y, a la larga, ahorraríamos dinero a las administraciones. Nos estamos obsesionando contra el tabaco y mientras fomentamos la obesidad con malos hábitos.

P. Preside usted una fundación que lleva el nombre de su segundo hijo, Álex, un niño con síndrome de Down que murió a los 3 años, hace hoy 23. Un golpe así está detrás de muchas otras fundaciones, ¿es la mejor forma de superarlo: ayudar a los demás?

R. Desde que nuestro hijo murió, en casa nos propusimos colaborar con el universo de la discapacidad. Independientemente, hace un año quisimos crear una fundación para ordenar y encauzar las muchas actividades humanitarias que hacíamos desde la compañía, y yo, con pudor, pedí a mis colaboradores utilizar el nombre de mi hijo. Ahora estoy encantado, porque es una forma de recuperarlo: por primera vez nos hemos atrevido a ver los vídeos que teníamos de cuando él era pequeñito: Álex está en todos lados.

P. ¿Lo han superado?

R. La muerte de un hijo no se supera nunca porque es algo contra natura, yo sigo soñando con él. Pero sí hemos integrado su ausencia.

P. El dolor, la derrota, ¿nos hacen mejores?

R. El dolor espiritual te ayuda a la introspección y la derrota es lo que más nos enseña. Hoy una victoria exige de inmediato la siguiente, lo que no me parece que resulte demasiado sano.

P. Considera una perversión que la Administración subvencione colegios y empresas privadas por admitir personas discapacitadas, pero, ¿no es cierto que esto ayuda al desarrollo de muchos que de otro modo no tendrían oportunidades?, ¿cómo lo plantearía usted?

R. Lo que trato de decir es que la integración debiera ser vocacional: hay que integrar a los discapacitados porque es una obligación moral. La subvención me parece un sistema mercenario y perverso; claro que no hay mal que por bien no venga, y sí, de ello al menos se pueden beneficiar algunos discapacitados.

P. Nació usted en el seno de una familia de mujeres empresarias y supongo que esto marca a fuego...

R. Sí, en los años 60, mi madre y mi abuela se iban a Estados Unidos con sus baúles a vender la ropa que diseñaban y confeccionaban. Y no sé si tiene algo que ver, pero en mi empresa probablemente haya más mujeres que hombres directivos.

P. ¿Nació triunfador, se nace con madera de triunfador?

R. No, no. Me siento feliz. Triunfar es algo demasiado efímero, no me interesa; lo importante es estar bien con uno mismo. Eso sí lo he logrado.

P. ¿Es una cuestión estética ocultar su edad?

R. No, no, en el libro está, eh, ¿no?

P. No. Y lamento decirle que necesito su data de nacimiento.

R. Soy del 53, como Aznar y Ana Botella: una de las mejores añadas del siglo XX.

fuente: elmundo.es