martes, 18 de diciembre de 2007

¿Su dieta es equilibrada?

El concepto de dieta equilibrada, aunque su utiliza mucho, no suele estar del todo claro. Éste, se refiere al un consumo de alimentos en cantidades adecuadas, en función de las características que cada persona tenga, considerando factores como la edad, sexo, la composición corporal o el estilo de vida, que garantice que se están cubriendo los requerimientos de energía y nutrientes que nuestro organismo necesita para mantener un buen estado nutritivo, de salud y bienestar.

Según los expertos, podemos comer mucho y, sin embargo, estar mal alimentados. En nuestro país no solemos alimentarnos correctamente y privar a nuestro organismo de una serie de nutrientes esenciales para la salud. Y es que hay muchas maneras de alimentarse, pero una sola de nutrirse.

Ante todo, se debe empezar por aclarar algunos conceptos, muchas veces confusos y mal empleados: se trata de los términos “alimento” y “nutriente”. Mientras que el primero alude al producto animal o vegetal que las personas obtienen de su entorno para su consumo; el segundo se refiere a lo que el organismo utiliza del alimento para obtener energía y/o realizar diversas funciones; es decir, lo que se puede “aprovechar” del alimento: hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y fibra.

Cuidan nuestra salud

Considerando que los nutrientes son las sustancias que “aprovechamos” de los alimentos, es fácil comprender que una dieta equilibrada aporta proporciones determinadas de cada uno de ellos. Cabe destacar, además, que una dieta equilibrada permite a las personas gozar de buena salud, realizar actividades cotidianas y prevenir enfermedades.

La dieta de ser moderada, variada y, sobre todo, agradable. Del mismo modo, es importante que aporte una cantidad suficientes de nutrientes energéticos (calorías) para poder efectuar procesos metabólicos y el trabajo físico; así como la cantidad suficiente de nutrientes con funciones reguladoras (proteínas, vitaminas y minerales), teniendo en cuenta que ningún alimento, de forma aislada, es capaz de suministrar todos los nutrientes esenciales en las proporciones necesarias.

De hecho, los expertos indican que sólo la leche materna permite mantener la vida y la salud durante los primeros meses de vida. Por este motivo, ningún alimento puede considerarse “completo”, por lo que la variedad es un requisito imprescindible en una dieta sana y equilibrada.

Cómo obtenerlos

Está claro que las personas no acuden al supermercado a comprar vitamina C o una ración de calcio. Para obtener estos nutrientes, debemos tener claro qué alimentos los contiene en mayor proporción y así conocer cuáles son los ingredientes idóneos que han de formar parte de nuestro menú diario. Como siempre, es necesario aclarar que la edad, el peso, el sexo o el estado fisiológico de cada persona pueden implicar distintas necesidades nutricionales.

Qué debe aportar nuestra dieta

Hidratos de carbono: son la principal fuente de energía de la dieta, por lo que es el nutriente que debe estar presente en mayor porción. Los alimentos en los que se encuentran son los farináceos: pan, pastas, cereales y arroz.

Grasas: se trata de nutrientes imprescindibles, con múltiples funciones como la reserva de energía, transporte de las vitaminas y formación de hormonas. Se encuentran en varios alimentos de origen animal y vegetal. Es recomendable limitar el consumo de grasas saturadas (embutidos, manteca…) y favorecer las insaturadas (aceite de oliva, semillas, pescado azul…)

Proteínas: son importantes nutrientes con una misión estructural. Forman las células, hormonas, enzimas, de sustancias con funciones genéticas, inmunológicas. Abundan en la carne, pescado, huevos y legumbres.

Vitaminas: son necesarios para la vida y nuestro cuerpo no las puede sintetizar por sí solo. Están las llamadas hidrosolubles (vitamina C y del complejo B) y liposolubles (A, D, E y K). Se reparten de forma irregular por los alimentos y su aporte se asegura con una dieta equilibrada.

Minerales: No aportan energía pero son muy necesarios, pues desempeñan importantes funciones en el organismo. El calcio, por ejemplo, es necesario para formar los huesos. Como las vitaminas, no hay ningún alimento que contenga todos los minerales ni ninguno que carezca de ellos.

Agua: además de la que contienen los alimentos, debemos tomar mínimo un litro y medio de agua al día.

Un buena nutrición exige por lo tanto, que la alimentación sea mixta y equilibrada; que incluya productos de todos los grupos (cereales, pescados, verduras, lácteos, huevos, frutas, grasas y aceites).

Consejos prácticos

  • Establecer horarios de comida regulares.
  • Comer despacio, sentados correctamente.
  • Es importante variar el tipo de alimento, de manera que en una semana se consuma gran variedad de ingredientes.
  • Es básico desayunar bien y cenar de forma liguera.
  • Evitar preparar los alimentos con demasiada grasa.
  • Consumir sal en cantidades mínimas.
  • Considerar como protagonistas de nuestro menú el pescado y las legumbres.
  • Consumir alimentos precocidos ocasionalmente.
  • No realizar días de ayuno esporádicos ni suprimir comidas, por ejemplo el desayuno.

Rompe con la fórmula estrés apetito=sobrepeso

Es común que cuando tenemos alguna dificultad emocional nos desahogamos en la comida como una forma de alivio, no separamos el hambre de otras sensaciones de malestar y no reconocemos el estado de saciedad, lo que si es recurrente nos produce un sobrepeso, entre otros desórdenes. En este artículo te orientamos para que aprendas a controlar el hábito de comer compulsivamente como forma para evadir el estrés, la angustia o el dolor .

A diferencia de las mujeres de antaño, las mujeres actuales desempeñamos múltiples actividades fuera del hogar. Esto inevitablemente nos ha obligado a reorganizar nuestros tiempos y prioridades, pero desempeñar tantos roles a la vez se ha convertido en una gran proeza por cumplir. Es entonces cuando aparece el estrés y el equilibrio en la salud se ve alterado de muchas maneras. Una de ellas es precisamente la forma en cómo nos alimentamos.

Por las prisas, en muchas ocasiones omitimos comidas tan importantes como el desayuno o comemos cualquier golosina para saciar un poco el hambre mientras llegamos a casa y nos preparamos algo en forma. O bien, la gran mayoría de las veces ante las presiones, buscamos llenarnos de cualquier cosa para mitigar tanta ansiedad; el objetivo es no “sentir”.
Pero lo más grave en todo esto, es el precio que tenemos que pagar por la desordenada manera de alimentarnos: el sobrepeso.

Atracones para controlar tensiones

La conducta alimentaria es el primer modelo natural que utiliza el ser humano para manejar la tensión interna física. Por ejemplo cuando los bebés tienen hambre lloran y cuando satisfacen el hambre, su llanto cesa, se tranquilizan totalmente. Esto nos da una idea clara de lo placentero que es comer. Al alimentarse, el bebé descubre cómo quitarse la tensión física y el dolor, y a la vez conoce el primer puente emocional y afectivo con su madre. Aprende sentimientos de seguridad, bienestar y afecto. La relación de la comida con estos afectos dura toda la vida, por esta causa ciertos estados emotivos como la ansiedad, depresión y alegría influyen en los procesos de la alimentación.

Además, en algunas culturas el acto de comer es un acto social, en donde se produce la comunicación y se da un proceso de cohesión e identificación en el grupo. Por lo tanto, la alimentación no sólo es un proceso fundamentalmente fisiológico, sino también psicológico. Muchas personas comentan que comen más o que comen demasiado cuando se sienten solas, tristes o estresadas. Existen estudios que revelan que a los individuos que están pasando por dificultades emocionales a menudo les es imposible separar el hambre de otras sensaciones de malestar y no pueden reconocer el estado de saciedad.

Frecuentemente, las personas con este tipo de trastorno, usan el atracón como una forma de huir de sus emociones, para llenar un vacío interno o para evadir el estrés, la angustia y el dolor. Para ellos, un atracón es una forma de alivio.

¿Cómo reconocer el problema?

Si presentas al menos tres de las características siguientes, entonces padeces el trastorno de la conducta alimentaria por atracón:

1. Ingestión de alimentos mucho más rápido de lo normal.
2. Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
3. Ingestión de grandes cantidades de comida a pesar de no tener hambre.
4. Comer a solas para esconder su voracidad.
5. Sentirse a disgusto con uno mismo, depresión, o gran culpabilidad después del atracón.
Es importante mencionar que los atracones tienen lugar en promedio al menos dos días a la semana durante seis meses.

Lo tentador

Los alimentos que se consumen con mayor frecuencia ante situaciones de estrés crónico son los hipercalóricos, como los chocolates, los helados, las pizzas, hamburguesas y sobre todo aquellos que contengan azúcar, ya que están relacionados con la sensación de bienestar. De acuerdo con un estudio publicado en The Proceedings of the National Academy of Sciences, el consumo de este tipo de alimentos puede ayudar a reducir el estrés pero comerlos en exceso trae serios problemas como la obesidad. Varios autores coinciden en que el consumo excesivo de alimentos ricos en hidratos de carbono (principalmente simples) como los postres, puede deberse en buena medida, a una necesidad de aumentar los niveles de serotonina, un neurotransmisor que regula las alteraciones psicoafectivas. Su deficiencia está asociada a trastornos como la ansiedad, la depresión, cansancio, somnolencia e indiferencia, entre otros.

Cómo contrarrestar los atracones

Antes que nada, es importante tomar en cuenta que si las situaciones de atracón se presentan de manera recurrente, la persona debe consultar a un especialista para que le dé un tratamiento individualizado.

Para evitar los atracones es importante que:

  • La alimentación se divida en cinco tiempos de comida: desayuno, comida y cena, y dos colaciones, una a media mañana y otra a media tarde.
  • A la hora de comprar, de preferencia seleccionar frutas, verduras, cereales integrales y alimentos de origen animal bajos en grasa como la leche descremada, carne magra, pollo sin piel, queso tipo panela, fresco o cottage. Así nos aseguramos de que en casa no existan alimentos con alta densidad energética como las frituras, los postres, el pan dulce, los refrescos, que por lo regular son los que se tienden a consumir cuando hay estrés y ansiedad.
  • Preferir el consumo de agua natural en lugar de bebidas azucaradas.
  • Consumir jícama, pepino, lechuga y en general las verduras de hoja verde, ya que su aporte calórico es muy bajo. (En promedio 1 ración de verdura nos aporta 25 calorías y tan sólo 4 gramos de hidratos de carbono). Sin, embargo, no debemos olvidar que no debemos abusar de ningún tipo de alimento.
  • Las verduras podemos consumirlas entre comidas, acompañadas de limón para darles sabor.
  • Sustituyamos los postres de alto contenido de azúcar (helados, pasteles, chocolates, etcétera) por frutas frescas que nos aportan en promedio tan sólo 60 calorías y 15 gramos de hidratos de carbono por ración, además de fibra que nos ayuda a sentirnos satisfechas y mejorar nuestro funcionamiento intestinal.
  • Elijamos cereales sin grasa como barritas de amaranto, arroz cocido, avena, tortillas de maíz, elote, pastas como el fideo, macarrón, espagueti, pan integral, pan de centeno, etcétera, que por ración nos aportan 70 calorías únicamente, mientras que los que contienen grasa (pan dulce, galletas dulces, granola, papas fritas, pasteles, tamal, tostadas) 115 calorías.
  • En cuanto a los alimentos de origen animal, de preferencia consumamos los que sean bajos en grasa como yogurt, leche, queso, carne magra, pescado, pollo sin piel, lo que nos darán de 55 a 95 calorías por ración. Sólo ten presente que una ración de carne, pollo, pescado y quesos equivale al tamaño de una credencial o al tamaño de la palma de la mano.


Una alimentación correcta

El plan de alimentación de cada persona debe de ser individualizado, ya que aunque parezca que llevamos el mismo ritmo de vida, las características físicas de cada persona son diferentes. Por ello es importante resaltar que las siguientes son sólo recomendaciones y que en caso de que se detecte algún trastorno de la conducta alimentaria, es necesario acudir con un nutriólogo y al psicólogo, para que en combinación te puedan ayudar con el manejo del estrés y los cambios en los hábitos de alimentación.

  • Selecciona verduras y frutas frescas; resulta práctico (aunque no barato) comprar las verduras y frutas congeladas, lo que nos permite su preparación de manera rápida; cereales integrales y bajos en grasa, leguminosas como el frijol que no sea industrializado, cortes de carne magros, pescado y pollo sin piel y lácteos bajos en grasa.
  • A la hora de salir a comer o en la preparación de los alimentos elige platillos horneados, a la parrilla, a la plancha o al vapor, en lugar de fritos o capeados.
  • Come una ensalada antes del plato fuerte.
  • Usa poca sal en la preparación y consumo de alimentos. Sazona con hierbas de olor y especies.
  • Si en la oficina cuentas con una de esas máquinas que ofrecen diferentes tipos de tentempiés, selecciona las barritas integrales, de arroz y agua natural.
  • Consume de 1 a 2 litros de agua al día. O bebidas bajas en calorías pero no abuses de estos productos
  • Procura llevar al trabajo fruta y ensaladas para que sean tus colaciones (o refrigerios entre comidas).
  • Haz cinco comidas al día, de preferencia con horarios regulares. No omitas el desayuno o la cena, ya que al hacerlo posteriormente puedes tener atracones.

En lugar de...

Cualquier trastorno de la alimentación trae severas consecuencias físicas y de salud. Usar el comer compulsivo como paliativo para menguar la tensión, se convierte en un círculo vicioso. Al aparecer la culpa y la inquietud después de actuar así la tensión y la conducta se repite una y otra vez. Si quieres relajarte considera lo siguiente:

  • Piensa positivamente y haz un esfuerzo por eliminar los pensamientos negativos.
  • Planifica diversiones y tómate un descanso de vez en cuando.
  • Realiza algún tipo de actividad física: la mayoría de los expertos recomiendan hacer 30 minutos de ejercicios aeróbicos de 3 a 5 veces por semana. Decide el tipo, frecuencia y nivel de actividad física. Debes planear este momento para que encaje dentro de tus horarios y pueda ser parte de tu rutina diaria.
  • No necesariamente debes ir a un gimnasio: 30 minutos de caminata, y ejercicios acumulables por periodos de 10 minutos c/u hasta completar los 30 minutos son suficientes.
  • Haz un esfuerzo por interactuar con otras personas. Al divertirte y salir con tus amigos liberarás a tu mente de preocupaciones.
  • Usa alguna técnica de relajación. Actualmente existen muchas: yoga, imágenes guiadas, escuchar música, etcétera; conócelas, pruébalas y elige la que mejor te funcione.
  • Tómate un tiempo para tus intereses y pasatiempos personales.
    Agradecemos la colaboración del doctor J. Armando Barriguete Meléndez, director del “Centro de Alimentación, Salud y Desarrollo Bio-Clinique”; el doctor Agustín Lara Esqueda, director del Programa de Salud del Adulto y el Anciano de la Secretaría de Salud y de la nutrióloga Laiza Fuentes, para la elaboración de este artículo.

¿Un problema femenino?

En su inmensa mayoría, las mujeres somos quienes sufrimos de este tipo de trastornos. Existen dos periodos de riesgo en los que podemos padecerlos:

  • Durante la pubertad, entre los 11 y 13 años, ya que en un periodo muy breve el cuerpo de las niñas se transforma y tienen que convivir en un cuerpo de mujer con una mente de niña, lo que les cuesta trabajo asimilar. Y el mismo cambio hormonal las hace sentirse frágiles.
  • Entre los 17 y 20 años, cuando tienen que elegir una profesión y/o trabajo, aunado a la parte emocional y sexual que juega un papel muy importante en esta etapa. Entonces tendemos a comer más o menos al preocuparnos por el peso y figura. Cuando es temporal, no pasa nada, pero si nos quedamos atoradas en esta actitud, es preocupante.

Por otra parte, además de los cambios físicos que causan estrés por sí mismos, las mujeres enfrentamos a una sociedad que es mucho más exigente con nosotras que con los varones. Por ejemplo, si un hombre tiene “panza” pero triunfa en su profesión, no enfrenta ningún problema; en cambio, la mujer además de cumplir con sus diferentes roles (esposa, madre, profesionista, etcétera), debe tener una figura perfecta, ya que el valor estético que debe predominar en ella es el delgado.

Aunado a esto, cada mes tiene que hacer un balance de su cuerpo, ya que cuando está próxima la menstruación, sus hormonas hacen que su peso se aumente un poco al retener líquidos, y que sus sentidos y percepción se modifiquen.

Entrevista realizada por Karina Rodríguez Chiw, para Todamujer.com

Nutrición para hombres mayores de 40

Los riesgos de salud que enfrentan los hombres, a diferencia de las mujeres, están por lo general relacionadas directamente con un estilo de vida poco saludable, por ejemplo, una inadecuada nutrición.

Esto puede deberse a que un hombre con mayor frecuencia come fuera de casa ya sea por su tipo de trabajo o por alguna situación específica (por ejemplo si está divorciado). Esto afecta su nutrición puesto que la comida de los restaurantes es elegida casi siempre por su sabor y no por su calidad nutricional.

En algunos hombres el consumo de alcohol y de drogas interfiere de manera directa en los hábitos de alimentación y el estado nutricional.

Todo esto da como resultado que la expectativa de vida para un hombre en promedio sea 7 años menor que para una mujer.

Por lo anterior vale la pena hacer algunas observaciones que pueden ayudarle a mejorar su estado nutricional.

La grasa

La mayoría de las personas en México consumen más grasas de las necesarias.

Es verdad que la grasa es necesaria en la dieta, puesto que además de proporcionar energía, ayuda a transportar ciertas vitaminas en nuestro organismo, pero la verdad es que consumimos mucho más grasa de la que necesitamos sólo por el sabor que da a los alimentos.

Existen varios tipos de grasas, también conocidas como triglicéridos, formados por tres diferentes variedades de ácidos grasos: grasa saturada, grasa mono saturada y grasa poli-insaturada.

Las grasas saturadas constituyen aproximadamente el 40% de la grasa que consumimos y son generalmente de origen animal:no son necesarias en la dieta y tiende a aumentar el nivel de colesterol en la sangre.

Las grasas mono y poli-insaturadas, sólo se encuentran en los vegetales y disminuyen el colesterol sanguíneo. Los estudios recientes han demostrado que al consumir una dieta en la que menos del 30% de las calorías que ingerimos provengan de grasas, las grasas no saturadas causan más beneficio que daño al organismo.

Una dieta alta en grasas puede ponerle en riesgo de varios padecimientos como son: cardiopatía, derrame cerebral, obesidad y varios tipos de cáncer.

Para reducir el consumo de grasas en la dieta:

  • Considere algunos alimentos sin grasa o bajos en grasa (light)
  • Tome leche descremada o semi-descremaigual.
  • Reduzca el consumo de carne y si la consume escoja cortes sin grasa.
  • Incluya más frutas y verduras en su dieta, habrá menos espacio para comidas grasas.
  • Consulte a su médico regularmente

Hipotiroidismo y sobrepeso

Existen multitud de creencias sobre el aumento de peso y la tiroides. Efectivamente existe una relación, ya que algunas hormonas tiroideas regulan el metabolismo, pero no de la forma que piensa la mayoría de la gente.

El vínculo entre obesidad e hipotiroidismo no es relevante: un bajo porcentaje de las personas con sobrepeso padecen problemas de tiroides, según estudios. Es cierto que en el caso de padecer hipotiroidismo, debido a la ralentización del metabolismo en general, puede generar mayor esfuerzo para perder esos kilos de más, pero no es imposible.

La mayor parte de los casos de sobrepeso y obesidad obedecen a malos hábitos alimenticios y a la vida sedentaria, además, las personas con hipotiroidismo no suelen experimentar un incremento de peso mayor a 6 kilos, comentan los expertos.

El hipotiroidismo es una de las alteraciones más frecuentes entre la población. Aparece cuando se produce una cantidad insuficiente de hormonas tiroideas necesarias para el organismo. “Éstas son esenciales para la función de las células del cuerpo, ya que ayudan a regular el crecimiento, la frecuencia cardiaca, la tensión arterial, la temperatura corporal y, sobre todo, la tasa metabólica del cuerpo, es decir, la velocidad con la que la comida se transforma en energía”, comenta el Dr. David González Bárcena, endocrinólogo del Hospital Ángeles Metropolitano.

Las causas

Existen muchos factores que pueden provocar esta enfermedad. Las causas son variadas y no tan conocidas. Se sabe que la principal es una deficiencia en el aporte de yodo, así como derivar de una tiroiditis o inflamación crónica de la glándula. En caso de que se trate de hipotiroidismo congénito--indica el especialista--, éste se desarrolla por un defecto en el desarrollo de la tiroides durante el proceso de formación del bebé, en el vientre materno.

”A todos los recién nacidos se les debe realizar un estudio llamado “tamiz neonatal”, para determinar las hormonas tiroideas en la sangre y poder identificar un problema de hipotiroidismo lo antes posible”, menciona el Dr. González Bárcena.

Síntomas

  • Piel y pelo secos
  • Sensación de frío
  • Inflamación de los párpados
  • Estreñimiento
  • Ronquera
  • Lentitud al hablar
  • Depresión (no siempre)
  • Debilidad muscular
  • Disminución de interés sexual
  • Y aumento de peso, sin llegar a obesidad

Sobre este último punto se debe resaltar que, según estudios, más de la mitad de las personas que acuden por primera vez al médico preocupados por su sobrepeso, no saben que sufren este trastorno metabólico, el cual no se puede curar, pero si controlar. “El tratamiento de esta enfermedad es de por vida, sin embargo, las personas pueden tener una buena calidad de vida si no abandonan su tratamiento y acuden regularmente con su médico”, dice el especialista.

Y agrega: “La obesidad en estos pacientes se debe a la falta o disminución de la hormona tiroidea, la cual provoca que la energía se almacene en el cuerpo, ya que la mayor parte de las calorías que se consumen no se gastan o se queman, al contrario, se estacan en el organismo”.

El tratamiento se realiza a base de sustitutos hormonales por vía oral. “Existen algunas personas que abusan de estas hormonas con el fin de bajar de peso, y esto es muy peligroso, ya que pueden provocar un hipotiroidismo patológico. Estas hormonas no están hechas para adelgazar”, advierte el doctor.

”Bajar de peso sin esfuerzo”

Esta claro que los milagros no existen, para adelgazar, nada como reducir la cantidad de calorías que se consumen (especialmente limitando las grasas) y realizar ejercicio con regularidad. Esto no es nuevo, mucha gente conoce esta fórmula, aunque en ocasiones se someten a recetas mágicas que prometen un cuerpo escultural sin hacer ningún tipo de esfuerzo ni sacrificio.

Es cierto que muchas de estas pastillas que prometen “adelgazar sin esfuerzo” poseen un contenido de hormonas tiroideas que no hacen otra cosa que descompensar el organismo y perjudicarlo. “No las tomen sin prescripción médica”.

Las personas sanas que consumen hormonas tiroideas disfrazadas de “pastillas mágicas” se pueden provocar un hipotiroidismo. Además, la pérdida de peso que se consigue a través de estos productos “adelgazantes”, se debe a una disminución de la masa muscular y no a un descenso real de grasa, alertan los expertos.

El poder del agua

El agua es esencial para la vida. Constituye más del 70% de nuestros cuerpos y tiene injerencia en varias de sus funciones, tales como: regular la temperatura y transportar alimentos y gases, así como eliminar los productos tóxicos en forma de orina y sudor. Además conserva fuertes nuestros músculos, lubrica las articulaciones y los órganos, y mantiene la piel joven y elástica. En fin, beberla nos brinda varios beneficios.

Si le preguntamos a las personas qué cantidad de agua beben durante el día, probablemente la mayoría nos respondería una cifra menor a la recomendada, que es: dos litros diarios, lo que equivale a 8 vasos de 250ml. No obstante, muchas veces esta cantidad no es suficiente si se está expuesto a temperaturas excesivamente cálidas o si se realiza un rutina de ejercicio extenuante.

Los expertos comentan que el ser humano puede sobrevivir meses sin comer, pero sin agua moriría en 12 días. Estas son algunas recomendaciones:

  • El agua ayuda a que el organismo funcione correctamente. Hay que procurar beber entre 1.5 y 2 litros diarios de agua. En temporadas de calor el consumo debe aumentar.
  • Se recomienda empezar y acabar el día bebiendo un vaso de agua.
  • Hay que beber antes, durante y después de hacer ejercicio. Durante su práctica debemos hidratarnos cada veinte minutos en promedio.
  • Lo más sano es el agua sin gas y sin azúcar.
  • El café, el alcohol, el té y otras bebidas similares son diuréticas e incrementan la eliminación de líquido por la orina. Hay que tener cuidado con ellas.
  • Infecciones, fiebres, vómitos y diarreas ocasionan una rápida pérdida de líquidos que hay que reponer de inmediato.

Si no bebemos suficiente agua:

  • El cuerpo automáticamente hace uso de sus reservas repartidas en las articulaciones o en la sangre, por ejemplo, así como en órganos como el hígado, los riñones o el cerebro.
  • La función de los riñones, que consiste en desintoxicar nuestro cuerpo, se ve muy perjudicada.
  • Aumenta la densidad o el espesor de la sangre, lo que puede provocar calambres. Además, el riego sanguíneo queda afectado y eso hace que aumente la presión.
  • La piel pierde elasticidad, por lo consiguiente se forman más arrugas.
  • La orina es más densa, lo que favorece la formación de cálculos o infecciones urinarias.

Cuidado con la deshidratación

Una deshidratación crónica puede impedir el funcionamiento correcto de nuestros órganos. Durante éstas no solamente se pierde agua, también potasio y sodio. El cuerpo está programado para regular el flujo de agua de una manera homogénea e igual todo el tiempo, si este equilibrio se rompe por la pérdida de agua pueden aparecer los siguientes síntomas:

  • Boca seca y pérdida del apetito
  • Dolores de cabeza y mareos
  • Baja la concentración
  • Síntomas de sueño y debilidad
  • Ojos hundidos
  • Pulso acelerado

No todo es cierto…

  • Algunas personas tienden a beber menos agua porque creen que retienen líquidos y eso perjudica su salud. Sin embargo, si un cuerpo sano nota que hay un exceso de líquido lo elimina por sí mismo a través de la orina.
  • La creencia común de que el agua engorda es totalmente incierta. Por el contrario, bebiendo agua en abundancia se come menos y, de esta manera, se puede perder peso.
  • Muchas veces hemos oído que la sauna es ideal para adelgazar, lo que es falso; mediante este método únicamente se pierden líquidos, los cuales deben ser restituidos de inmediato.

Para saber más…

Con raras excepciones casi todos los alimentos contienen agua. Su consumo aporta un porcentaje importante de la que se necesita cada día. Las frutas y los vegetales son los alimentos que más agua contienen. No obstante, es menester tomar esos dos litros o más de agua para mantener el organismo hidratado convenientemente.

Una manera de verificar si se está tomando la cantidad adecuada de agua es observando el color de la orina, si es oscuro puede ser una señal de que el cuerpo está “ahorrando” líquidos por falta de éstos. Como regla general, la orina de color amarillo claro y producida por lo menos cuatro veces al día, es lo normal para un adulto. ¡La vida es agua, sin agua no hay vida!

La comida: placer peligroso

El trastorno por atracón consiste en el consumo descontrolado de alimentos; puede estar detrás de la obesidad.
Anorexia y bulimia son términos en los que se piensa de manera inmediata cuando se habla de trastornos de la alimentación, pero existe otro que, a pesar de ser más frecuente, está escondido tras la obesidad: se trata del trastorno por atracón.

De hecho, se calcula que en México 30 por ciento de los casos de obesidad tiene origen en ese padecimiento, que afecta por igual a hombres y mujeres.

Este trastorno comparte con la bulimia nerviosa el comer impulsivamente, la diferencia es que quien lo padece no recurre a prácticas como vomitar, ingerir laxantes o diuréticos después de comer en exceso, de ahí que se manifiesta en un principio con sobrepeso y si no se controla, con obesidad, explica María Eugenia Ibarzábal, coordinadora de la Clínica de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Médica Sur (CTCA).

Un atracón se define como el consumo vertiginoso de gran cantidad de comida en un periodo corto de tiempo, mientras se vive un sentimiento de no poder parar ni controlar qué y cuánto se come.

Cuando el atracón se presenta al menos dos veces por semana durante tres meses continuos, y además existen sentimientos de ira, enojo y frustración ante la falta de control, es muy probable que se trate de este trastorno.

¿Por qué comer y comer?

Si ha escuchado el llanto de un bebé hambriento, puede imaginar el dolor que expresa a gritos entre cada sollozo; en ese momento, lo único que puede tranquilizarlo es sentir en su boca el pezón de su madre o el biberón.

Conforme succiona para obtener leche, el llanto disminuye y su rostro adopta gestos de tranquilidad y satisfacción, sobre todo si al mismo tiempo siente palmaditas y escucha palabras suaves que lo arrullan.

"El bebé no sólo descubre que comiendo se le quita el malestar, sino que se da cuenta de que además lo apapachan, arrullan y le soban la pancita", explica Armando Barriguete, consultor en la Secretaría de Salud sobre trastornos de la alimentación y obesidad.

Así, el consumo de alimento (conducta alimentaria) es el primer recurso que tienen los seres humanos para manejar su tensión, en este caso, provocada por la sensación de hambre.

"Todos en determinada situación han abusado de la comida en momentos de tensión, pero cuando se dan cuenta con el apoyo de la pareja, la familia, los amigos o la escuela se puede canalizar el estrés apoyándose en ellos, y no en la comida", agrega el también investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición.

Entonces, quien no cuenta con esas redes, la opción más cercana y certera que tiene para calmar la tensión es comer y comer.

Impulso incontrolable

Las personas que padecen el trastorno por atracón son impulsivos, es decir, no pueden esperar con calma la satisfacción de un deseo, y una vez que están en proceso de satisfacerlo no se pueden detener, comenta Ibarzábal, terapeuta del grupo de padres en la CTCA.

En el caso del atracón, la educación en casa es uno de los factores de tal impulsividad.

En medio de una situación que les genera enojo, ira o tristeza las personas no se permiten expresar esos sentimientos porque está "mal visto" y hacerlo habla de una persona "débil", que nunca "se puede controlar".

Al no saber cómo enfrentar esas emociones y cómo darse la oportunidad de manifestarlas en su justa dimensión, el medio para mitigarlas es comer.

"Es un mito pensar que la persona con sobrepeso es una persona afable, generalmente no es cierto, es un volcán lleno de emociones imposible de controlar", asegura Ibarzábal.

Y si además las personas con las que convive, lo señalan por no poder dejar de comer, es común que empiece a ocultarse para saciar su necesidad de bienestar.

"El atracón se hace a solas, por lo que la familia suele no darse cuenta; llegan a pasar hasta cinco años para apenas sospechar porque la comida 'desaparece', especialmente mermeladas, helados, pan de caja, alimentos que se pueden ingerir muy rápido", señala la terapeuta familiar.

Pero incluso ante esa sospecha, a la familia le es difícil reconocer que se trata de una enfermedad grave.
"No se entiende que no es que el individuo no quiera dejar de comer; sino que se reduce el problema a un 'qué pesado es fulanito, come y come, y después se pone de malas'", comenta Ibarzábal.

Así pueden pasar años o décadas hasta que aparecen las repercusiones físicas de la obesidad: colesterol y triglicéridos altos, colesterol HDL (bueno) bajo, hipertensión arterial, infartos al miocardio, accidentes vasculares cerebrales, problemas de rodillas, dificultad para caminar, entre otras. Y por supuesto las emocionales, como ansiedad y depresión.

Diagnóstico y atención

Existen dos caminos por los que se puede identificar que se padece el trastorno, están quienes piden apoyo psicológico porque su situación emocional está al límite, y quienes buscan ayuda de un nutriólogo para bajar de peso, creyendo que ese es su problema.

Pero ante cualquier paciente obeso, los expertos tienen la obligación de realizar un diagnóstico para descartar o confirmar si se trata de trastorno por atracón, coinciden Ibarzábal y Barriguete.

Un diagnóstico integral debiera incluir una evaluación de los hábitos alimenticios, de la dinámica familiar, un diagnóstico psicoterapéutico individual, exámenes de laboratorio (química sanguínea, perfiles lípido, tiroideo y hepático, general de orina, entre otros), electrocardiograma, medir la densidad ósea y el estado músculoesquelético del paciente, sugiere Ibarzábal.
A partir de los hallazgos, el tratamiento debe ser también integral: diseñar un plan nutricional y de fisioterapia, dar seguimiento médico para evaluar las reacciones del organismo e integrar al paciente a psicoterapia individual, y a su familia, a terapia de grupo.

Esa es la clave, asistir a instituciones públicas o privadas que ofrezcan la atención de un pediatra o médico internista, según la edad del paciente, más la de un nutriólogo y un psicólogo.

En este caso, el paciente debe asumir literalmente su papel, porque el éxito del tratamiento es a largo plazo y depende, en gran parte, de su capacidad de cambio y del apego que desarrolle tanto al tratamiento médico, como al psicológico, señala Ibarzábal.
"Es una enfermedad crónica que requiere cambios en la forma de pensar, de comportarse y en la manera de ver el mundo", indica la terapeuta.

Fíjese en los síntomas

Para considerarse "atracón" la ingesta de comida debe tener por lo menos tres de las siguientes características:

  • Comer más rápido de lo normal.
  • Sentirse incómodamente lleno.
  • Comer mucho sintiéndose físicamente hambriento.
  • Comer a solas para que otros no vean cuánto come.
  • Sentirse a disgusto consigo mismo, deprimido o culpable después de haber comido demasiado.

Para considerarse trastorno debe:

  • Haber tensión previa al atracón y después de él.
  • Presentarse por lo menos dos veces por semana durante tres meses de manera continua.

Fuente: Armando Barriguete, consultor en la SSA.

Panorama en México

*Según la Encuesta Nacional de Salud 2006:

18% de los jóvenes reconoció que en los tres meses previos a la encuesta les preocupó engordar y el control por comer.
3% de ellos, en el mismo periodo, tuvieron prácticas de riesgo, como hacer dieta, ayunar, ejercitarse en exceso.
16 a 19 años es el rango de edad de las mujeres que aceptaron haber tenido las prácticas descritas.

*Estos datos se obtuvieron a partir de 8 preguntas integradas a la encuesta, las cuales se aplicaron a adolescentes de ambos sexos, de 10 a 19 años. La población entre esas edades es de 22 millones 874 mil 970: el 50.8 por ciento son hombres y el 48.2 por ciento mujeres.

La entrevista fue realizada por: Georgina Montalvo y publicada en el periódico Reforma

Para mayor información consulte la página de: Trastornos de la Conducta Alimentaria

sábado, 15 de diciembre de 2007

¿Estoy preparado para afrontar un programa de pérdida de peso?

Perder peso es más fácil que mantenerlo. ¿Cuántas veces ha intentado reducir unos kilos para luego volver a recuperarlos? A menudo resultan desmoralizadores tantos intentos y fracasos.

Quizás porque todavía nadie le ha explicado que el tratamiento de la obesidad no consiste en hacer una dieta durante unos meses y ya está.

El tratamiento de la obesidad consiste en realizar un programa de control del peso a largo plazo, probablemente para toda la vida, que no lleve implícito unas normas rígidas.


Es fundamental que usted esté convencido y que compruebe que con este programa puede obtener un peso saludable para vivir mejor. Un programa de control del peso debe ser aprendido en un plazo que generalmente no es breve y que requiere un esfuerzo personal y ganas de cambiar algunos hábitos alimentarios.

La gente comienza los programas de adelgazamiento por muchos motivos. Algunas personas se ven forzadas a perder peso a causa de un problema de salud, mientras que otras pueden estar más influenciadas por la presión de familiares y amigos, por sentimientos de vergüenza o por una sensación de incomodidad. También se puede tomar esta decisión por el simple deseo de tener un mejor aspecto para una época del año, como el verano, o con motivo de un acontecimiento especial, como una boda o una fiesta. Cualquiera de estos factores puede ser razón suficiente para iniciar un programa de control del peso.

Sin embargo, si una persona no se propone modificar sus hábitos de vida a largo plazo, cualquier intento por adelgazar se puede sumar más tarde a la lista de fracasos cuando cese en sus pautas de comportamiento.

Si usted es de los que piensa: "Me gustaría perder peso, pero", este pero, esta duda, probablemente esté indicando que usted todavía no está preparado para iniciar un programa de control del peso. En diversas épocas del año aparecen nuevas dietas, nuevos sistemas que auguran una pérdida espectacular de peso y, además, sin pasar hambre. Al principio todas las dietas le permiten perder peso de forma rápida, pero por desgracia recuperar el peso perdido es sólo cuestión de tiempo. Pensemos un momento. Si cualquiera de esas estupendas dietas realmente funcionara, entonces ¿por qué es necesario buscar constantemente nuevas fórmulas? ¿Por qué no nos quedamos con la que verdaderamente funciona? No tratemos de engañarnos a nosotros mismos. No intentemos buscar lo fácil, lo mágico, lo extravagante.

Si usted no está decididamente motivado a modificar su comportamiento va a ser difícil que ningún programa tenga éxito. Entendemos que el cambio es difícil y a veces nos resistimos a aceptar las cosas como son.

En una sociedad como en la que convivimos, en donde lo que impera es la rapidez en la consecución de los fines, no nos parece muy convincente la idea de dedicar tiempo indefinido a un programa educacional de cambios de hábitos alimentarios y de vida. Pensemos que ahora sería intolerable tardar días o semanas en cruzar el Atlántico, esperar días a que llegase una carta o que pasen horas para preparar nuestra comida favorita antes de saborearla. No es sorprendente que las personas acostumbradas al mundo de los aviones, faxes, computadoras, correo electrónico, comida rápida y microondas, se impacienten cuando lo que se les propone es un cambio de vida que lleva meses o incluso años aprender.

Analice qué motivos tiene para adelgazar, piense realmente si está usted dispuesto a realizar un programa de modificación de hábitos de vida a largo plazo o, por el contrario, si sólo busca un éxito tan rápido como fugaz.

Recuerde que sólo adelgaza quien quiere.

Perder peso supone modificar a largo plazo los hábitos de vida. No es sólo hacer dieta unos meses.

Dieta o Cirugía

La obesidad mórbida es una enfermedad y debe ser tratada tan seriamente como cualquier otro problema medico. La Obesidad mórbida se ha definido arbitrariamente como un sobrepeso de mas de 40 % del peso normal, aunque esto puede variar del 25 al 70 % dependiendo de la composición corporal. La obesidad es una condición peligrosa y uno de los problemas de salud más importante en países industrializados.

En primer lugar la obesidad debe se prevenida y tratada adoptando un estilo de vida sano, y una dieta apropiada. En muchos casos sin embargo, cuando el peso alcanzado es excesivo y pasa de cierto nivel, estas medidas no son suficientes y la condición peligrosa no se puede solucionar permanentemente.

Se estima que en México unos 10 millones de personas son severamente obesas. Las causas exactas son desconocidas pero los factores genéticos, metabólicos y/o fisiológicos juegan un papel importante. La gente que es obesa sufre de un riesgo incrementado de muchos problemas médicos incluyendo:

  • Depresión
  • Arteriosclerosis coronaria y falla cardiaca.
  • Hipertensión.
  • Diabetes
  • Insuficiencia respiratoria
  • Complicaciones gastrointestinales (vesicular, hernia hiatal)
  • Insuficiencia venosa
  • Enfermedad diverticular
  • Muerte prematura
  • Artritis en las rodillas, cadera y espina dorsal

La incidencia de la falla con dietas, medicamentos y ejercicios es de mas del 95%.

La cirugía es un recurso para los que han fallado en perder peso por medios habituales. Actualmente diversos procedimiento quirúrgico están ayudando a millones de personas a alcanza sus metas más ambiciosas de perder peso. La idea fundamental de la cirugía bariatrica es la reducción del tamaño o la restricción del estómago, con el objeto de reducir la cantidad de alimento que consume una persona. Hay diversas técnicas, pero todas en última instancia buscan los mismos resultados. Los factores que contribuyen al éxito en el largo plazo de esta cirugía incluyen, comer menos y un cambio en el apetito. La disminución del tamaño del estomago significa que el paciente se siente satisfecho por completo después de comer apenas una cantidad pequeña de alimento. También después de la cirugía, un paciente encontrará difícil comer alimentos altos en azúcares y grasas. Cuando un paciente consume estos tipos de alimento se siente físicamente incómodo. Con la modificación del comportamiento del sistema de vaciamiento gástrico, los pacientes evitan naturalmente estos alimentos. Es muy importante acentuar que no son ni deben ser de manera alguna considerado cirugía cosmética.
El riesgo de las operaciones para la obesidad se debe entender en el contexto que la obesidad severa, que es enfermedad crónica, progresiva, amenazadora de la vida. Estos tratamientos no sólo tienen la capacidad de mejorar las vidas de los que la sufren la obesidad mórbida.

Aquí puedes encontrar más información de los diversos tipos de cirugía para bajar de peso.

I.M.C. Indice de masa corporal

El IMC es un número que relaciona dos medidas, el peso y la estatura. Se obtiene dividiendo el peso por el cuadrado de la estatura.

Se considera normal cuando el índice resultante es una cifra que está entre 19 y 25. si la cifra es inferior indica delgadez, si es superior indica un determinado grado de obesidad.

En ambos casos aumentan las probabilidades de enfermedad.

IMC= PESO/Estatura x estatura

CLASIFICACIÓN SEGÚN EL IMC

  • Menos de 17: delgadez excesiva
  • Enter 17 y 18.4: delgadez
  • Entre 18.5 y 24.9: normal
  • Entre 25 y 29: obesidad grado 1 Bajo riesgo de padecer enfermedades asociadas, suele coincidir con el peso posible.
  • Entre 30 y 39.9: obesidad grado 2 Aumento del riesgo.
  • Entre 40 y 49.9: obesidad grado 3 Aumento mayor del riesgo
  • Mayor de 50: obesidad grado 4 Casi todos tienen complicaciones. Discapacidad.

Obesidad y Actividad Física

¿Qué objetivos tiene que marcarse una persona obesa que quiere comenzar a practicar una actividad física?

  1. Ejercicio físico regular, todos o casi todos los días, para aumentar el gasto calórico diario; al principio, la mejora de la condición física es secundaria...,
  2. Comenzando durante las primeras semanas con un ejercicio de baja intensidad (caminar, bicicleta en plano, nadar para alguien que nada bien,…)
  3. Además del punto 1º, es necesario estimular la quema de calorías al realizar las actividades cotidianas (dejar el coche en casa, olvidarse del ascensor,…)
  4. Al cabo de 4- 6 unas 8 semanas replantear la actividad física (aumento de la intensidad, …)

¿Qué ventajas tiene el caminar para la mayor parte de personas obesas?

  1. No precisa de una destreza especial,
  2. Se puede realizar en cualquier sitio y momento,
  3. Evita los problemas musculoesqueléticos que acompañan a otro tipo de actividades físicas (correr, fútbol, baloncesto, squash,…),
  4. Evita los riesgos del tráfico (ciclismo),
  5. No hay que encontrar una piscina,
  6. Un buen medio para mejorar la condición física (en el caso de personas con sobrepeso/ obesas y físicamente muy desacondicionadas).


¿Por qué no es recomendable que una persona obesa se plantee empezar un programa de ejercicio físico a una intensidad por encima de sus posibilidades?

Por ejemplo, en vez de caminar 30' a 5Km/h quemando 250Kcal, se plantea correr durante ese tiempo a 12Km/ h para gastar 600Kcal, facilitando con ello, teóricamente, mucho la pérdida de peso; podría perder unos 3 kilos al mes. Sin embargo, se plantean tres inconvenientes:

  1. En la práctica, una persona obesa, sedentaria, no puede ni soñar con correr durante media hora a 12Km/ h (correr un kilómetro en 5'); muchos ni siquiera pueden pretender trotar a 8Km/ h (recorrer un kilómetro en 7' 30''), porque su condición física hace que se agote en sólo unos pocos minutos (¿1- 3 minutos?), por lo que el gasto de energía será inferior al conseguido cuando camina media hora.
  2. Una persona obesa que comience un programa de ejercicio físico con una intensidad excesiva acabará muy cansada después de cada sesión y, además, tiene un riesgo elevado de sufrir una lesión musculoesquelética (contractura muscular,…). Se sabe que ambas situaciones son las principales causas por las que una persona de estas características abandona el ejercicio.
  3. Desde un punto de vista de salud cardiovascular no es recomendable que se intente perder peso realizando un ejercicio intenso; lo recomendable es que el ejercicio que se realice sea suave/ moderado y prolongado; es decir, invertir más tiempo pero a una intensidad que lleve al pulso cardiaco no más allá del 69% del pulso máximo. En los programas de pérdida de peso, una premisa fundamental es que el TOTAL DEL GASTO ENERGÉTICO (el volumen de ejercicio realizado) es más importante que la intensidad.

Desorden del comedor compulsivo

El comedor compulsivo puede ser el desorden alimenticio más común. Aproximadamente 2 de cada 100 adultos americanos tienen este desorden, ligeramente más mujeres que hombres.


Este desorden comprende el comer cantidades grandes de comida, igual que en la bulimia. Sin embargo, estos no se purgan después del banquete. Los comedores compulsivos comen alimentos regularmente y bocados a lo largo del día. A veces pueden comer todo el día en lugar de comer mucho una sola vez.

Los comedores compulsivos normalmente presentan sobrepeso y se vuelven obesos. De hecho, un 40% de personas obesas pueden ser comedores compulsivos.

Estas personas hacen a menudo su comida en secreto. Posteriormente se sentirán deprimidos, culpables, o avergonzados.

El enojo, tristeza, fastidio, o ansiedad puede activar una gran comida. El ponerse a dieta puede empeorar este problema en algunas personas.

Las causas no son conocidas. Sin embargo, cerca de la mitad de estas personas con el problema tienen una historia de depresión. Muchos comedores compulsivos tienen problemas para mantener otras áreas de sus vidas bajo control.

Las grandes comidas pueden causar problemas médicos serios, como:

  • Presión de sangre alta
  • El colesterol a niveles altos (Puede causar que las arterias se endurezcan y causen ataques cardiacos y enfermedades del corazón)
  • Enfermedad de la vesícula
  • Diabetes
  • Ciertos tipos de cáncer

Muchos de estos problemas son causa del sobrepeso.

Definición de Obesidad

La obesidad es la condición en la que un exceso de grasa se ha acumulado en el cuerpo, principalmente en los tejidos subcutáneos. Se considera obesa a una persona cuando supera en un 20% el peso recomendado para su altura y constitución.

La acumulación de grasa es debida a distintas causas, entre las que encontramos una ingesta de alimentos superior a la requerida para las actividades diarias. Sin embargo, recientes estudios evidencian factores genéticos. El hambre y la saciedad parecen estar controlados por mensajeros peptídicos, los péptidos son moléculas que asocian dos o mas aminoácidos estos últimos son el componente fundamental de todas las proteínas del organismo, la proteína que podría estar afectada a nivel genético seria la LEPTINA, producida en los adipocitos blancos en el tejido adiposo y esta involucrada en el control de la cantidad de tejido graso que se encuentra en el organismo. Actua en el cerebro posiblemente como regulador del apetito y del gasto energético, por lo tanto se deduce que mutaciones en el gen que codifica la LEPTINA ES LA RESPONSABLE DE ALGUNOS CASOS DE OBESIDAD, esta ultima seria una de las causas de obesidad y lo descrito una definición generalizada por lo tanto como lo razonable y obvio es reconocer que la obesidad esta causada por distintos factores tales como:

  • Alteraciones en el gasto energético
  • Desequilibrios en el balance entre aporte y utilización de grasas
  • Obesidades de carácter neuroendocrino
  • Obesidades hipotálamicas
  • Obesidad hipofisiaria y suprarrenal
  • Factores genéticos
  • Factores medio ambientales
  • Obesidades psicógenas
  • etc.

Cómo ayudar a un familiar obeso

Cada vez aparecen más personas que padecen obesidad. Es probable que usted tenga algún familiar en mente al que quisiera ayudar... y no sabe cómo. La familia y la pareja de quienes emprenden un tratamiento para adelgazar deben saber acompañar, pero sin presionar.

Llega la bandeja y todos se sirven una buena porción de chuletas de cerdo con tallarines. Juan mira con ojos lánguidos su plato de verduras y pollo a la plancha. Estoico, aguanta hasta el postre, cuando, además de su manzana, se tienta y consuela con "una cucharadita" de nieve de limón... Y empiezan las recriminaciones: "No tienes fuerza de voluntad"; "deberías controlarte"; además de las bromas y miradas críticas... El resultado: Juan se come su manzana y sale, solo, a comprarse un enorme helado de cajeta, que se come sin que lo vean.

Saber cómo ayudar en su tratamiento a una persona obesa o con sobrepeso no es tan sencillo como parece a primera vista, llevados sólo por el cariño. "Lo principal es saber que las personas que padecen obesidad muchas veces tienen una autoestima baja. Por eso se observa poco cuidado y preocupación por ellos mismos, cierta pasividad y desesperanza aprendida luego de haber intentado muchos caminos... sin resultados". Además, estos pacientes poseen escasa capacidad para tolerar frustraciones, por lo que también les es difícil postergar el placer inmediato que proporciona un chocolate, a cambio de una meta mayor a largo plazo.

La mejor forma de ayudar es acompañar al paciente en su proceso de recuperación, sin plantear expectativas irreales, que sobrepasen las posibilidades de la persona. Se debe dejar la responsabilidad del tratamiento exclusivamente en manos del paciente, y no en las de un familiar como la señora, el marido, la mamá. "Se trata de acompañar, pero sin presionar. Encontrar panoramas nuevos, ir juntos al gimnasio, cambiar juntos el estilo de vida poco saludable". Se debe estar atento a no entrar en competencia de régimen con el paciente; y que él esté consciente de que se trata de un cambio de estilo de vida y de hábitos alimenticios que se mantendrá para siempre.

¿Quién es el interesado en bajar de peso?

El tratamiento contra la obesidad sólo es verdaderamente efectivo cuando la motivación del paciente es real: es decir, cuando la persona obesa es la que desea bajar de peso y someterse a un cambio de hábitos y de estilo de vida.

Las motivaciones para querer bajar de peso son variadas. Por un lado, la preocupación por los peligros y complicaciones de salud asociadas al sobrepeso. Por otro, hay una preocupación estética importante. "También acuden a la consulta personas para calmar la conciencia, porque hay fuertes presiones familiares; en esos casos, suelen no hacerse cargo realmente de su situación. Cuando la motivación es externa, resulta peor el remedio que la enfermedad. La persona podrá sentirse cohibida de comerse un pastel frente a la familia, pero en cuanto salga de su vista se va a comprar uno doble en la pastelería de la esquina".

A las familias se les recomienda no decir nunca "tú no puedes comer eso". Si vemos que la persona no está viviendo el régimen que tiene propuesto, es mejor conversar el tema, ofrecer ayuda, animar; pero no más que eso.

"Cuando la gordura se transforma en el mayor problema de un grupo, la ansiedad de la familia se proyecta en el paciente. Muchas veces la persona no está sino evadiendo situaciones conflictivas, estrés o duelo, a través de la comida. El problema que hay que enfrentar y revisar son los conflictos internos, antes que atacarlo porque come demasiado".

Se debe tener en cuenta que lo más probable es que una persona obesa se sienta discriminada por la sociedad en que vive. Por eso uno de los elementos esenciales que le debe proporcionar la familia y sus seres más cercanos es apoyo y aceptación. Esto significa asumir y querer a la persona tal como es. Se debe comprender que existe un problema que se intenta superar, pero que no se da por mala voluntad o falta de iniciativa. La obesidad es una enfermedad que requiere de un tratamiento serio, en el que interviene un equipo integrado por profesionales de varias disciplinas.

Recaídas

¿Y qué sucede cuando observamos que la persona abandona su dieta y deja de hacer ejercicio? "Lo principal es tener en cuenta que las recaídas pueden ocurrir; es más, se espera que se den". Son lo más complejo de abordar, porque el paciente suele sentirse decepcionado de sí mismo y frustrado por no haber podido cumplir sus metas. "De las recaídas sólo podemos aprender. Es bueno que la familia esté ahí para decir: "no es tan terrible" y animar para volver a empezar". En esta situación, como en todas, el papel de la familia no es retar, sino apoyar y dar una mano.

El peligro en las situaciones en las cuales el paciente obeso se sale de su dieta no está tanto en la ingesta calórica, sino en el desánimo y pesimismo en el que se suele caer. "Si la persona toma conciencia de que es cosa de volver a empezar, no hay problema". Pero ese recomenzar debe darse al día siguiente, sin suponer que -como ya se ha salido de la dieta- "todo está perdido" y sólo queda comer para consolarse.

La báscula... guardada.

Se aconseja evitar pesarse todos los días: "Si está en un programa, sólo conviene subirse a la báscula en la consulta. Siempre a la misma hora; siempre en la misma báscula". Más que los kilos, un estímulo importante para quien intenta bajar de peso es la ropa: observar que va quedando más suelta y que acomoda mejor. Se recomiendan los refuerzos positivos por metas cumplidas, "que en ningún caso se refieren sólo a kilos que se adelgaza, sino a ejercicio y adquisición de hábitos. Tal vez darse una tarde libre en la semana; o que la señora o el marido le haga un regalo que le guste"...

La obesidad no es un problema de falta de voluntad

Muchas veces los obesos escuchamos decir que la obesidad es una enfermedad… Y lo es. Es una enfermedad ADICTIVA

Y lo grave es que muchos médicos repiten lo de la enfermedad adictiva como autómatas, sin entender realmente de lo que están hablando, pues en el fondo piensan (y muchos gordos también) que todo se reduce a un problema de voluntad y que por culpa de la gula el gordo sufre su merecido infierno…

Las adicciones todas (alcohol, drogas, tabaco, carbohidratos, azúcares, anfetaminas o lo que sea) producen en el organismo siempre el mismo mecanismo, que es el de activar las glándulas que producen estados particulares que conducen de nuevo a la compulsión. Es un círculo vicioso terrible. No basta con decirle a un adicto a la cocaína que no la consuma o a un fumador que no fume ó a un obeso pedirle que no coma. Uno puede encerrar a un alcohólico a la fuerza en una habitación bajo llave hasta que se desintoxique. Y ciertamente al cabo de un tiempo saldrá “limpio” del cuarto… pero… al salir de allí tendrá los mismos conflictos y problemas con los que entró, así que lo más probable es que en cualquier momento arranque a beber dónde lo dejó. Y al obeso le pasa lo mismo. Uno se forza a hacer la dieta tal o cual y claro pierde peso, pero al mínimo traspié se arranca a comer como siempre, se recupera el peso y se agudiza el problema. Ahora bien, “El adicto al cigarro tiene que dejar el cigarro. El adicto al alcohol debe dejar el alcohol. Y nosotros ¿Qué? ¿Dejamos de comer? Y no. La respuesta es siempre ésta: No se debe dejar de comer.

SE DEBE CAMBIAR DE HABITOS

No se trata de seguir una dieta. Sino de aprender qué productos debemos ERRADICAR DE NUESTRAS VIDAS y cuáles productos DEBEMOS APRENDER A INCORPORAR.

Es muy frecuente que cuando alguien se descompone en un gimnasio enseguida le den un terrón o una cucharada de azúcar, incluso un caramelo para levantarlo (la dosis de droga). Noten ustedes que los niños en las fiestas de cumpleaños se desencadenan. Y esta hiperactividad la da la cantidad de azucares y tartas y gaseosas que el niño come y bebe en las fiestas. Si usted quiere tener a un niño despierto hasta altas horas de la noche, dele justo antes de acostarse un pedazo de torta de chocolate…

Ahora bien. La glucosa es digamos el “combustible” que necesita el cerebro para funcionar. No se puede tampoco prescindir de ella. Pero si usted a su carro le pone el doble de gasolina que necesita para arrancar, éste se ahogará. A diferencia del auto que se ahoga, el ser humano es tan complejo que hace lo imposible por salvarse. Y entonces el páncreas segrega toneladas de insulina para poder manejar el exceso de glucosa. Y cuando un día el obeso no come azúcar o harinas blancas, hay demasiada insulina dando vueltas en su cuerpo. Se produce la hipoglucemia. Y el obeso se deprime, se achicopala, se siente cansado, adormilado, agotado, inútil… Entonces se desata la compulsión y volvemos al exceso de glucosa. A veces es tan alta la dosis de glucosa que el obeso se pone agresivo. De allí que un gordo amanece eufórico, sintiendo que podrá doblegar el mundo y luego, al atardecer, pierde ánimos y de repente se sorprende a si mismo comiendo como un salvaje. Sintiendo con ello la angustia y la depresión características porque no se pudo controlar. Al cabo de unas horas, lo ingerido se convierte en glucosa, y de nuevo la euforia…De allí que un gordo se obliga a si mismo a hacer dieta y pierden peso y luego se desata a comer con más pasión que nunca, y mientras esto ocurre no entiende por qué. Y con la cabeza gacha escucha como todo su entorno lo critica. … Y volvemos donde estábamos (como cualquier adicto). Recuperando lo perdido.

En consecuencia HAY QUE REMOVER LAS ESTRUCTURAS. CAMBIAR HABITOS. COSTUMBRES. ESTILOS Y FORMAS DE VIDA.

Pero el primer paso. El único verdadero primer paso para ello es entender y aceptar que se está enfermo. Que se es adicto. Que si bien está en nuestras manos lograr salir de esto NO SOMOS CERDOS SIN VOLUNTAD. NO SOMOS SUCIOS GOLOSOS. El obeso, como el alcohólico, como el adicto a la cocaína o a la heroína tiene que trabajar mucho, muy duro y toda su vida para llegar a estar “limpio”.

Somos personas con una enfermedad adictiva. Empecemos por aceptar esto. Y concedámonos el merecido derecho de entender y hacerle entender a quien competa que nuestro problema no lo resuelve la simple fuerza de voluntad. Primero lo primero. Reconozcamos el problema. Segundo, aceptémoslo. Tercero, procedamos a erradicar con todo el dolor de nuestras almas aquello que nos ha mantenido condenados y encadenados a una vida de humillaciones y vejaciones: el azúcar refinada y las harinas blancas y todas las combinaciones que de ellas se derivan.