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martes, 18 de diciembre de 2007

Rompe con la fórmula estrés apetito=sobrepeso

Es común que cuando tenemos alguna dificultad emocional nos desahogamos en la comida como una forma de alivio, no separamos el hambre de otras sensaciones de malestar y no reconocemos el estado de saciedad, lo que si es recurrente nos produce un sobrepeso, entre otros desórdenes. En este artículo te orientamos para que aprendas a controlar el hábito de comer compulsivamente como forma para evadir el estrés, la angustia o el dolor .

A diferencia de las mujeres de antaño, las mujeres actuales desempeñamos múltiples actividades fuera del hogar. Esto inevitablemente nos ha obligado a reorganizar nuestros tiempos y prioridades, pero desempeñar tantos roles a la vez se ha convertido en una gran proeza por cumplir. Es entonces cuando aparece el estrés y el equilibrio en la salud se ve alterado de muchas maneras. Una de ellas es precisamente la forma en cómo nos alimentamos.

Por las prisas, en muchas ocasiones omitimos comidas tan importantes como el desayuno o comemos cualquier golosina para saciar un poco el hambre mientras llegamos a casa y nos preparamos algo en forma. O bien, la gran mayoría de las veces ante las presiones, buscamos llenarnos de cualquier cosa para mitigar tanta ansiedad; el objetivo es no “sentir”.
Pero lo más grave en todo esto, es el precio que tenemos que pagar por la desordenada manera de alimentarnos: el sobrepeso.

Atracones para controlar tensiones

La conducta alimentaria es el primer modelo natural que utiliza el ser humano para manejar la tensión interna física. Por ejemplo cuando los bebés tienen hambre lloran y cuando satisfacen el hambre, su llanto cesa, se tranquilizan totalmente. Esto nos da una idea clara de lo placentero que es comer. Al alimentarse, el bebé descubre cómo quitarse la tensión física y el dolor, y a la vez conoce el primer puente emocional y afectivo con su madre. Aprende sentimientos de seguridad, bienestar y afecto. La relación de la comida con estos afectos dura toda la vida, por esta causa ciertos estados emotivos como la ansiedad, depresión y alegría influyen en los procesos de la alimentación.

Además, en algunas culturas el acto de comer es un acto social, en donde se produce la comunicación y se da un proceso de cohesión e identificación en el grupo. Por lo tanto, la alimentación no sólo es un proceso fundamentalmente fisiológico, sino también psicológico. Muchas personas comentan que comen más o que comen demasiado cuando se sienten solas, tristes o estresadas. Existen estudios que revelan que a los individuos que están pasando por dificultades emocionales a menudo les es imposible separar el hambre de otras sensaciones de malestar y no pueden reconocer el estado de saciedad.

Frecuentemente, las personas con este tipo de trastorno, usan el atracón como una forma de huir de sus emociones, para llenar un vacío interno o para evadir el estrés, la angustia y el dolor. Para ellos, un atracón es una forma de alivio.

¿Cómo reconocer el problema?

Si presentas al menos tres de las características siguientes, entonces padeces el trastorno de la conducta alimentaria por atracón:

1. Ingestión de alimentos mucho más rápido de lo normal.
2. Comer hasta sentirse desagradablemente lleno.
3. Ingestión de grandes cantidades de comida a pesar de no tener hambre.
4. Comer a solas para esconder su voracidad.
5. Sentirse a disgusto con uno mismo, depresión, o gran culpabilidad después del atracón.
Es importante mencionar que los atracones tienen lugar en promedio al menos dos días a la semana durante seis meses.

Lo tentador

Los alimentos que se consumen con mayor frecuencia ante situaciones de estrés crónico son los hipercalóricos, como los chocolates, los helados, las pizzas, hamburguesas y sobre todo aquellos que contengan azúcar, ya que están relacionados con la sensación de bienestar. De acuerdo con un estudio publicado en The Proceedings of the National Academy of Sciences, el consumo de este tipo de alimentos puede ayudar a reducir el estrés pero comerlos en exceso trae serios problemas como la obesidad. Varios autores coinciden en que el consumo excesivo de alimentos ricos en hidratos de carbono (principalmente simples) como los postres, puede deberse en buena medida, a una necesidad de aumentar los niveles de serotonina, un neurotransmisor que regula las alteraciones psicoafectivas. Su deficiencia está asociada a trastornos como la ansiedad, la depresión, cansancio, somnolencia e indiferencia, entre otros.

Cómo contrarrestar los atracones

Antes que nada, es importante tomar en cuenta que si las situaciones de atracón se presentan de manera recurrente, la persona debe consultar a un especialista para que le dé un tratamiento individualizado.

Para evitar los atracones es importante que:

  • La alimentación se divida en cinco tiempos de comida: desayuno, comida y cena, y dos colaciones, una a media mañana y otra a media tarde.
  • A la hora de comprar, de preferencia seleccionar frutas, verduras, cereales integrales y alimentos de origen animal bajos en grasa como la leche descremada, carne magra, pollo sin piel, queso tipo panela, fresco o cottage. Así nos aseguramos de que en casa no existan alimentos con alta densidad energética como las frituras, los postres, el pan dulce, los refrescos, que por lo regular son los que se tienden a consumir cuando hay estrés y ansiedad.
  • Preferir el consumo de agua natural en lugar de bebidas azucaradas.
  • Consumir jícama, pepino, lechuga y en general las verduras de hoja verde, ya que su aporte calórico es muy bajo. (En promedio 1 ración de verdura nos aporta 25 calorías y tan sólo 4 gramos de hidratos de carbono). Sin, embargo, no debemos olvidar que no debemos abusar de ningún tipo de alimento.
  • Las verduras podemos consumirlas entre comidas, acompañadas de limón para darles sabor.
  • Sustituyamos los postres de alto contenido de azúcar (helados, pasteles, chocolates, etcétera) por frutas frescas que nos aportan en promedio tan sólo 60 calorías y 15 gramos de hidratos de carbono por ración, además de fibra que nos ayuda a sentirnos satisfechas y mejorar nuestro funcionamiento intestinal.
  • Elijamos cereales sin grasa como barritas de amaranto, arroz cocido, avena, tortillas de maíz, elote, pastas como el fideo, macarrón, espagueti, pan integral, pan de centeno, etcétera, que por ración nos aportan 70 calorías únicamente, mientras que los que contienen grasa (pan dulce, galletas dulces, granola, papas fritas, pasteles, tamal, tostadas) 115 calorías.
  • En cuanto a los alimentos de origen animal, de preferencia consumamos los que sean bajos en grasa como yogurt, leche, queso, carne magra, pescado, pollo sin piel, lo que nos darán de 55 a 95 calorías por ración. Sólo ten presente que una ración de carne, pollo, pescado y quesos equivale al tamaño de una credencial o al tamaño de la palma de la mano.


Una alimentación correcta

El plan de alimentación de cada persona debe de ser individualizado, ya que aunque parezca que llevamos el mismo ritmo de vida, las características físicas de cada persona son diferentes. Por ello es importante resaltar que las siguientes son sólo recomendaciones y que en caso de que se detecte algún trastorno de la conducta alimentaria, es necesario acudir con un nutriólogo y al psicólogo, para que en combinación te puedan ayudar con el manejo del estrés y los cambios en los hábitos de alimentación.

  • Selecciona verduras y frutas frescas; resulta práctico (aunque no barato) comprar las verduras y frutas congeladas, lo que nos permite su preparación de manera rápida; cereales integrales y bajos en grasa, leguminosas como el frijol que no sea industrializado, cortes de carne magros, pescado y pollo sin piel y lácteos bajos en grasa.
  • A la hora de salir a comer o en la preparación de los alimentos elige platillos horneados, a la parrilla, a la plancha o al vapor, en lugar de fritos o capeados.
  • Come una ensalada antes del plato fuerte.
  • Usa poca sal en la preparación y consumo de alimentos. Sazona con hierbas de olor y especies.
  • Si en la oficina cuentas con una de esas máquinas que ofrecen diferentes tipos de tentempiés, selecciona las barritas integrales, de arroz y agua natural.
  • Consume de 1 a 2 litros de agua al día. O bebidas bajas en calorías pero no abuses de estos productos
  • Procura llevar al trabajo fruta y ensaladas para que sean tus colaciones (o refrigerios entre comidas).
  • Haz cinco comidas al día, de preferencia con horarios regulares. No omitas el desayuno o la cena, ya que al hacerlo posteriormente puedes tener atracones.

En lugar de...

Cualquier trastorno de la alimentación trae severas consecuencias físicas y de salud. Usar el comer compulsivo como paliativo para menguar la tensión, se convierte en un círculo vicioso. Al aparecer la culpa y la inquietud después de actuar así la tensión y la conducta se repite una y otra vez. Si quieres relajarte considera lo siguiente:

  • Piensa positivamente y haz un esfuerzo por eliminar los pensamientos negativos.
  • Planifica diversiones y tómate un descanso de vez en cuando.
  • Realiza algún tipo de actividad física: la mayoría de los expertos recomiendan hacer 30 minutos de ejercicios aeróbicos de 3 a 5 veces por semana. Decide el tipo, frecuencia y nivel de actividad física. Debes planear este momento para que encaje dentro de tus horarios y pueda ser parte de tu rutina diaria.
  • No necesariamente debes ir a un gimnasio: 30 minutos de caminata, y ejercicios acumulables por periodos de 10 minutos c/u hasta completar los 30 minutos son suficientes.
  • Haz un esfuerzo por interactuar con otras personas. Al divertirte y salir con tus amigos liberarás a tu mente de preocupaciones.
  • Usa alguna técnica de relajación. Actualmente existen muchas: yoga, imágenes guiadas, escuchar música, etcétera; conócelas, pruébalas y elige la que mejor te funcione.
  • Tómate un tiempo para tus intereses y pasatiempos personales.
    Agradecemos la colaboración del doctor J. Armando Barriguete Meléndez, director del “Centro de Alimentación, Salud y Desarrollo Bio-Clinique”; el doctor Agustín Lara Esqueda, director del Programa de Salud del Adulto y el Anciano de la Secretaría de Salud y de la nutrióloga Laiza Fuentes, para la elaboración de este artículo.

¿Un problema femenino?

En su inmensa mayoría, las mujeres somos quienes sufrimos de este tipo de trastornos. Existen dos periodos de riesgo en los que podemos padecerlos:

  • Durante la pubertad, entre los 11 y 13 años, ya que en un periodo muy breve el cuerpo de las niñas se transforma y tienen que convivir en un cuerpo de mujer con una mente de niña, lo que les cuesta trabajo asimilar. Y el mismo cambio hormonal las hace sentirse frágiles.
  • Entre los 17 y 20 años, cuando tienen que elegir una profesión y/o trabajo, aunado a la parte emocional y sexual que juega un papel muy importante en esta etapa. Entonces tendemos a comer más o menos al preocuparnos por el peso y figura. Cuando es temporal, no pasa nada, pero si nos quedamos atoradas en esta actitud, es preocupante.

Por otra parte, además de los cambios físicos que causan estrés por sí mismos, las mujeres enfrentamos a una sociedad que es mucho más exigente con nosotras que con los varones. Por ejemplo, si un hombre tiene “panza” pero triunfa en su profesión, no enfrenta ningún problema; en cambio, la mujer además de cumplir con sus diferentes roles (esposa, madre, profesionista, etcétera), debe tener una figura perfecta, ya que el valor estético que debe predominar en ella es el delgado.

Aunado a esto, cada mes tiene que hacer un balance de su cuerpo, ya que cuando está próxima la menstruación, sus hormonas hacen que su peso se aumente un poco al retener líquidos, y que sus sentidos y percepción se modifiquen.

Entrevista realizada por Karina Rodríguez Chiw, para Todamujer.com

La comida: placer peligroso

El trastorno por atracón consiste en el consumo descontrolado de alimentos; puede estar detrás de la obesidad.
Anorexia y bulimia son términos en los que se piensa de manera inmediata cuando se habla de trastornos de la alimentación, pero existe otro que, a pesar de ser más frecuente, está escondido tras la obesidad: se trata del trastorno por atracón.

De hecho, se calcula que en México 30 por ciento de los casos de obesidad tiene origen en ese padecimiento, que afecta por igual a hombres y mujeres.

Este trastorno comparte con la bulimia nerviosa el comer impulsivamente, la diferencia es que quien lo padece no recurre a prácticas como vomitar, ingerir laxantes o diuréticos después de comer en exceso, de ahí que se manifiesta en un principio con sobrepeso y si no se controla, con obesidad, explica María Eugenia Ibarzábal, coordinadora de la Clínica de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Médica Sur (CTCA).

Un atracón se define como el consumo vertiginoso de gran cantidad de comida en un periodo corto de tiempo, mientras se vive un sentimiento de no poder parar ni controlar qué y cuánto se come.

Cuando el atracón se presenta al menos dos veces por semana durante tres meses continuos, y además existen sentimientos de ira, enojo y frustración ante la falta de control, es muy probable que se trate de este trastorno.

¿Por qué comer y comer?

Si ha escuchado el llanto de un bebé hambriento, puede imaginar el dolor que expresa a gritos entre cada sollozo; en ese momento, lo único que puede tranquilizarlo es sentir en su boca el pezón de su madre o el biberón.

Conforme succiona para obtener leche, el llanto disminuye y su rostro adopta gestos de tranquilidad y satisfacción, sobre todo si al mismo tiempo siente palmaditas y escucha palabras suaves que lo arrullan.

"El bebé no sólo descubre que comiendo se le quita el malestar, sino que se da cuenta de que además lo apapachan, arrullan y le soban la pancita", explica Armando Barriguete, consultor en la Secretaría de Salud sobre trastornos de la alimentación y obesidad.

Así, el consumo de alimento (conducta alimentaria) es el primer recurso que tienen los seres humanos para manejar su tensión, en este caso, provocada por la sensación de hambre.

"Todos en determinada situación han abusado de la comida en momentos de tensión, pero cuando se dan cuenta con el apoyo de la pareja, la familia, los amigos o la escuela se puede canalizar el estrés apoyándose en ellos, y no en la comida", agrega el también investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición.

Entonces, quien no cuenta con esas redes, la opción más cercana y certera que tiene para calmar la tensión es comer y comer.

Impulso incontrolable

Las personas que padecen el trastorno por atracón son impulsivos, es decir, no pueden esperar con calma la satisfacción de un deseo, y una vez que están en proceso de satisfacerlo no se pueden detener, comenta Ibarzábal, terapeuta del grupo de padres en la CTCA.

En el caso del atracón, la educación en casa es uno de los factores de tal impulsividad.

En medio de una situación que les genera enojo, ira o tristeza las personas no se permiten expresar esos sentimientos porque está "mal visto" y hacerlo habla de una persona "débil", que nunca "se puede controlar".

Al no saber cómo enfrentar esas emociones y cómo darse la oportunidad de manifestarlas en su justa dimensión, el medio para mitigarlas es comer.

"Es un mito pensar que la persona con sobrepeso es una persona afable, generalmente no es cierto, es un volcán lleno de emociones imposible de controlar", asegura Ibarzábal.

Y si además las personas con las que convive, lo señalan por no poder dejar de comer, es común que empiece a ocultarse para saciar su necesidad de bienestar.

"El atracón se hace a solas, por lo que la familia suele no darse cuenta; llegan a pasar hasta cinco años para apenas sospechar porque la comida 'desaparece', especialmente mermeladas, helados, pan de caja, alimentos que se pueden ingerir muy rápido", señala la terapeuta familiar.

Pero incluso ante esa sospecha, a la familia le es difícil reconocer que se trata de una enfermedad grave.
"No se entiende que no es que el individuo no quiera dejar de comer; sino que se reduce el problema a un 'qué pesado es fulanito, come y come, y después se pone de malas'", comenta Ibarzábal.

Así pueden pasar años o décadas hasta que aparecen las repercusiones físicas de la obesidad: colesterol y triglicéridos altos, colesterol HDL (bueno) bajo, hipertensión arterial, infartos al miocardio, accidentes vasculares cerebrales, problemas de rodillas, dificultad para caminar, entre otras. Y por supuesto las emocionales, como ansiedad y depresión.

Diagnóstico y atención

Existen dos caminos por los que se puede identificar que se padece el trastorno, están quienes piden apoyo psicológico porque su situación emocional está al límite, y quienes buscan ayuda de un nutriólogo para bajar de peso, creyendo que ese es su problema.

Pero ante cualquier paciente obeso, los expertos tienen la obligación de realizar un diagnóstico para descartar o confirmar si se trata de trastorno por atracón, coinciden Ibarzábal y Barriguete.

Un diagnóstico integral debiera incluir una evaluación de los hábitos alimenticios, de la dinámica familiar, un diagnóstico psicoterapéutico individual, exámenes de laboratorio (química sanguínea, perfiles lípido, tiroideo y hepático, general de orina, entre otros), electrocardiograma, medir la densidad ósea y el estado músculoesquelético del paciente, sugiere Ibarzábal.
A partir de los hallazgos, el tratamiento debe ser también integral: diseñar un plan nutricional y de fisioterapia, dar seguimiento médico para evaluar las reacciones del organismo e integrar al paciente a psicoterapia individual, y a su familia, a terapia de grupo.

Esa es la clave, asistir a instituciones públicas o privadas que ofrezcan la atención de un pediatra o médico internista, según la edad del paciente, más la de un nutriólogo y un psicólogo.

En este caso, el paciente debe asumir literalmente su papel, porque el éxito del tratamiento es a largo plazo y depende, en gran parte, de su capacidad de cambio y del apego que desarrolle tanto al tratamiento médico, como al psicológico, señala Ibarzábal.
"Es una enfermedad crónica que requiere cambios en la forma de pensar, de comportarse y en la manera de ver el mundo", indica la terapeuta.

Fíjese en los síntomas

Para considerarse "atracón" la ingesta de comida debe tener por lo menos tres de las siguientes características:

  • Comer más rápido de lo normal.
  • Sentirse incómodamente lleno.
  • Comer mucho sintiéndose físicamente hambriento.
  • Comer a solas para que otros no vean cuánto come.
  • Sentirse a disgusto consigo mismo, deprimido o culpable después de haber comido demasiado.

Para considerarse trastorno debe:

  • Haber tensión previa al atracón y después de él.
  • Presentarse por lo menos dos veces por semana durante tres meses de manera continua.

Fuente: Armando Barriguete, consultor en la SSA.

Panorama en México

*Según la Encuesta Nacional de Salud 2006:

18% de los jóvenes reconoció que en los tres meses previos a la encuesta les preocupó engordar y el control por comer.
3% de ellos, en el mismo periodo, tuvieron prácticas de riesgo, como hacer dieta, ayunar, ejercitarse en exceso.
16 a 19 años es el rango de edad de las mujeres que aceptaron haber tenido las prácticas descritas.

*Estos datos se obtuvieron a partir de 8 preguntas integradas a la encuesta, las cuales se aplicaron a adolescentes de ambos sexos, de 10 a 19 años. La población entre esas edades es de 22 millones 874 mil 970: el 50.8 por ciento son hombres y el 48.2 por ciento mujeres.

La entrevista fue realizada por: Georgina Montalvo y publicada en el periódico Reforma

Para mayor información consulte la página de: Trastornos de la Conducta Alimentaria

sábado, 15 de diciembre de 2007

Desorden del comedor compulsivo

El comedor compulsivo puede ser el desorden alimenticio más común. Aproximadamente 2 de cada 100 adultos americanos tienen este desorden, ligeramente más mujeres que hombres.


Este desorden comprende el comer cantidades grandes de comida, igual que en la bulimia. Sin embargo, estos no se purgan después del banquete. Los comedores compulsivos comen alimentos regularmente y bocados a lo largo del día. A veces pueden comer todo el día en lugar de comer mucho una sola vez.

Los comedores compulsivos normalmente presentan sobrepeso y se vuelven obesos. De hecho, un 40% de personas obesas pueden ser comedores compulsivos.

Estas personas hacen a menudo su comida en secreto. Posteriormente se sentirán deprimidos, culpables, o avergonzados.

El enojo, tristeza, fastidio, o ansiedad puede activar una gran comida. El ponerse a dieta puede empeorar este problema en algunas personas.

Las causas no son conocidas. Sin embargo, cerca de la mitad de estas personas con el problema tienen una historia de depresión. Muchos comedores compulsivos tienen problemas para mantener otras áreas de sus vidas bajo control.

Las grandes comidas pueden causar problemas médicos serios, como:

  • Presión de sangre alta
  • El colesterol a niveles altos (Puede causar que las arterias se endurezcan y causen ataques cardiacos y enfermedades del corazón)
  • Enfermedad de la vesícula
  • Diabetes
  • Ciertos tipos de cáncer

Muchos de estos problemas son causa del sobrepeso.

Cómo ayudar a un familiar obeso

Cada vez aparecen más personas que padecen obesidad. Es probable que usted tenga algún familiar en mente al que quisiera ayudar... y no sabe cómo. La familia y la pareja de quienes emprenden un tratamiento para adelgazar deben saber acompañar, pero sin presionar.

Llega la bandeja y todos se sirven una buena porción de chuletas de cerdo con tallarines. Juan mira con ojos lánguidos su plato de verduras y pollo a la plancha. Estoico, aguanta hasta el postre, cuando, además de su manzana, se tienta y consuela con "una cucharadita" de nieve de limón... Y empiezan las recriminaciones: "No tienes fuerza de voluntad"; "deberías controlarte"; además de las bromas y miradas críticas... El resultado: Juan se come su manzana y sale, solo, a comprarse un enorme helado de cajeta, que se come sin que lo vean.

Saber cómo ayudar en su tratamiento a una persona obesa o con sobrepeso no es tan sencillo como parece a primera vista, llevados sólo por el cariño. "Lo principal es saber que las personas que padecen obesidad muchas veces tienen una autoestima baja. Por eso se observa poco cuidado y preocupación por ellos mismos, cierta pasividad y desesperanza aprendida luego de haber intentado muchos caminos... sin resultados". Además, estos pacientes poseen escasa capacidad para tolerar frustraciones, por lo que también les es difícil postergar el placer inmediato que proporciona un chocolate, a cambio de una meta mayor a largo plazo.

La mejor forma de ayudar es acompañar al paciente en su proceso de recuperación, sin plantear expectativas irreales, que sobrepasen las posibilidades de la persona. Se debe dejar la responsabilidad del tratamiento exclusivamente en manos del paciente, y no en las de un familiar como la señora, el marido, la mamá. "Se trata de acompañar, pero sin presionar. Encontrar panoramas nuevos, ir juntos al gimnasio, cambiar juntos el estilo de vida poco saludable". Se debe estar atento a no entrar en competencia de régimen con el paciente; y que él esté consciente de que se trata de un cambio de estilo de vida y de hábitos alimenticios que se mantendrá para siempre.

¿Quién es el interesado en bajar de peso?

El tratamiento contra la obesidad sólo es verdaderamente efectivo cuando la motivación del paciente es real: es decir, cuando la persona obesa es la que desea bajar de peso y someterse a un cambio de hábitos y de estilo de vida.

Las motivaciones para querer bajar de peso son variadas. Por un lado, la preocupación por los peligros y complicaciones de salud asociadas al sobrepeso. Por otro, hay una preocupación estética importante. "También acuden a la consulta personas para calmar la conciencia, porque hay fuertes presiones familiares; en esos casos, suelen no hacerse cargo realmente de su situación. Cuando la motivación es externa, resulta peor el remedio que la enfermedad. La persona podrá sentirse cohibida de comerse un pastel frente a la familia, pero en cuanto salga de su vista se va a comprar uno doble en la pastelería de la esquina".

A las familias se les recomienda no decir nunca "tú no puedes comer eso". Si vemos que la persona no está viviendo el régimen que tiene propuesto, es mejor conversar el tema, ofrecer ayuda, animar; pero no más que eso.

"Cuando la gordura se transforma en el mayor problema de un grupo, la ansiedad de la familia se proyecta en el paciente. Muchas veces la persona no está sino evadiendo situaciones conflictivas, estrés o duelo, a través de la comida. El problema que hay que enfrentar y revisar son los conflictos internos, antes que atacarlo porque come demasiado".

Se debe tener en cuenta que lo más probable es que una persona obesa se sienta discriminada por la sociedad en que vive. Por eso uno de los elementos esenciales que le debe proporcionar la familia y sus seres más cercanos es apoyo y aceptación. Esto significa asumir y querer a la persona tal como es. Se debe comprender que existe un problema que se intenta superar, pero que no se da por mala voluntad o falta de iniciativa. La obesidad es una enfermedad que requiere de un tratamiento serio, en el que interviene un equipo integrado por profesionales de varias disciplinas.

Recaídas

¿Y qué sucede cuando observamos que la persona abandona su dieta y deja de hacer ejercicio? "Lo principal es tener en cuenta que las recaídas pueden ocurrir; es más, se espera que se den". Son lo más complejo de abordar, porque el paciente suele sentirse decepcionado de sí mismo y frustrado por no haber podido cumplir sus metas. "De las recaídas sólo podemos aprender. Es bueno que la familia esté ahí para decir: "no es tan terrible" y animar para volver a empezar". En esta situación, como en todas, el papel de la familia no es retar, sino apoyar y dar una mano.

El peligro en las situaciones en las cuales el paciente obeso se sale de su dieta no está tanto en la ingesta calórica, sino en el desánimo y pesimismo en el que se suele caer. "Si la persona toma conciencia de que es cosa de volver a empezar, no hay problema". Pero ese recomenzar debe darse al día siguiente, sin suponer que -como ya se ha salido de la dieta- "todo está perdido" y sólo queda comer para consolarse.

La báscula... guardada.

Se aconseja evitar pesarse todos los días: "Si está en un programa, sólo conviene subirse a la báscula en la consulta. Siempre a la misma hora; siempre en la misma báscula". Más que los kilos, un estímulo importante para quien intenta bajar de peso es la ropa: observar que va quedando más suelta y que acomoda mejor. Se recomiendan los refuerzos positivos por metas cumplidas, "que en ningún caso se refieren sólo a kilos que se adelgaza, sino a ejercicio y adquisición de hábitos. Tal vez darse una tarde libre en la semana; o que la señora o el marido le haga un regalo que le guste"...